El sabor del último adiós: cuando el final es inevitable, solo queda "una probadita"


Hay dolores para los que nadie nos prepara en la adultez, y uno de los más profundos es el de ver partir a un compañero de cuatro patas. La escritura de la autora hidalguense Janet Pérez Islas posee la extraña y hermosa cualidad de poner una lupa sobre estos momentos tan íntimos. En un panorama literario que a menudo busca el impacto a través de grandes tragedias geopolíticas, ella elige mirar hacia el rincón más sagrado de nuestro hogar para explorar la compasión, la pérdida y el amor incondicional.

    Su relato "Una probadita", la pieza que abre su antología Por poco no llegamos, es una muestra perfecta de su sensibilidad lingüística. A través de un gesto aparentemente simple, nos sumerge en uno de los duelos más puros que compartimos los seres humanos. 


¿No sabes quién es Janet? Te cuento...

Nacida en Pachuca de Soto en 1999, Janet Pérez Islas es una joven escritora, editora y redactora periodística. Su irremediable inclinación hacia las letras la llevó a licenciarse en Lingüística y Literatura Hispánica por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

    Su formación como lingüista se nota en el cuidado milimétrico de su prosa, donde cada palabra está puesta con una intención clara. Con su ópera prima, la antología de cuentos Por poco no llegamos, Janet se aventura a navegar por esos incontables duelos silenciosos que componen la juventud, buscando siempre —a través de la ficción— maneras más amables, empáticas y cálidas de habitar nuestra realidad actual.


"Una probadita": la inocencia frente al último día

La genialidad de "Una probadita" radica en su punto de vista. El cuento está narrado por Rocko, un perro de 17 años que se siente profundamente cansado. Su cuerpo ya no le obedece, su cabeza es demasiado pesada para comer croquetas y ha empezado a ensuciar su "cama para perros". Sin embargo, la mente de Rocko no entiende de enfermedades terminales ni de veterinarios; su único motor es el amor hacia Raúl, su dueño, y el constante esfuerzo por "hacerlo feliz" y acompañarlo en su tristeza, tal como hizo años atrás cuando Raúl lloraba y no quería levantarse de la cama.

    El clímax emocional del cuento se construye a través de un último fin de semana perfecto: un sábado de sillón viendo venados en la televisión y una noche durmiendo juntos en la cama grande, seguido de un domingo que termina en una mesa de veterinaria. Es ahí donde ocurre el milagro afectivo del texto: Raúl extiende su mano y le entrega a Rocko un pedacito de chocolate, esa fruta prohibida que el perro persiguió en vano durante toda su vida.

"Con cuidado, lo coloca en mi hocico y se derrite lentamente sobre mi lengua. Es más rico de lo que imaginaba... sé que la vida está a punto de mejorar".

    La ironía trágica y dulce de este final es demoledora. Mientras el lector (y Raúl) lloran la inminente eutanasia, Rocko saborea el chocolate y se queda dormido con la absoluta paz de quien se sabe amado y cree, con la pureza que solo un animal posee, que todo está por ponerse mejor. Janet transforma un veneno biológico en el último y más grande regalo de despedida, una tregua definitiva con el dolor.


Las claves de su impacto en la narrativa joven actual

El trabajo de Janet Pérez Islas en este cuento aporta tres elementos fundamentales a las nuevas voces de la literatura mexicana:

    -La voz del "otro" con dignidad: narrar desde la perspectiva de un animal es un terreno peligroso que puede caer fácilmente en lo infantil o lo melodramático. Janet lo sortea con maestría, dotando a Rocko de una voz digna, madura y profundamente conmovedora que valida el luto animal en la alta literatura.

    -La transición a la madurez: a través del monólogo de Rocko, descubrimos el crecimiento de Raúl: desde el "escuincle" que adoptó a un cachorro revoltoso hasta el adulto que hoy tiene que asumir la dolorosa responsabilidad de evitar el sufrimiento de su compañero fiel. Es el retrato perfecto de los duelos de la adultez.

    -La ficción como bálsamo: cumpliendo la promesa de su semblanza, la autora utiliza la literatura para ofrecer una mirada compasiva ante una de las situaciones más hostiles de la vida, recordándonos que incluso en el adiós más amargo puede haber espacio para la dulzura.


¿Por qué debatir este cuento en nuestro club de lectura?

Para nuestra comunidad en Moby Read, iniciar la lectura de Por poco no llegamos  es una invitación directa a conectar desde la empatía más pura. Al ser un cuento que toca una fibra tan universal, la sesión del club promete ser un espacio inolvidable para compartir nuestras propias historias de lealtad y despedida.

    El debate nos llevará a reflexionar sobre la fidelidad, el peso de las decisiones afectivas en la madurez y cómo los pequeños rituales de gratitud nos ayudan a procesar las pérdidas. "Una probadita" es un relato breve, pero con un sabor residual agridulce que se queda grabado en el corazón mucho después de que se cierra la página.

    Y tú, ¿has tenido que despedir alguna vez a un compañero tan fiel como Rocko? ¿Qué opinas de ese último gesto de Raúl con el chocolate? Te leemos en los comentarios.

Disfruta del texto haciendo clic aquí.

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